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Cuando una persona sufre abusos físicos, es fácil identificarlo, ya que vemos las cicatrices, los moretones, los ojos morados y los signos de huesos rotos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando una persona sufre abusos mentales, emocionales o verbales? Los signos no son tan fáciles de detectar; no reconocemos los síntomas porque no sabemos qué buscar.
El maltrato mental, emocional y verbal deja cicatrices en nuestra mente, nuestro corazón, nuestras emociones, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos sobre nosotros mismos y los demás.
Tenemos que empezar a pensar en cómo nos estamos programando a nosotros mismos y a nuestros hijos para aceptar este tipo de abusos. Cuando un niño recibe un golpe o se burlan de él, una simple frase como “lo hace porque le gustas” es una forma de programar a nuestros hijos para que acepten el abuso emocional, mental y verbal. Tenemos que descubrir las formas en que nos estamos programando a nosotros mismos y a nuestras familias para aceptar este tipo de abusos y cómo evitarlo en el futuro. Haber sufrido abusos mentales, emocionales y verbales durante más de veinte años no solo me hace sentir compasión por los demás y su situación, sino que también me hace querer ayudarles. Quiero ayudar a las personas a identificar estos desencadenantes, a sanar el dolor de sus experiencias y a ser capaces de perdonarse a sí mismas y a sus agresores. Aunque el perdón no excusa, cancela ni minimiza el abuso, le permite liberarse y liberarse de la esclavitud y el dolor que todo ello conlleva. No solo encontré mi voz al alzar la mía, sino que también me curé del abuso mental, verbal y emocional. Quiero ayudarle a encontrar su voz.














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